De puño y letra | Lucila De Ponti
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De puño y letra

Este newsletter se va a llamar “De Puño y Letra”, que es una frase típica pero también una canción de Los Gardelitos que me gusta mucho, sobre todo la línea donde el Eli canta: “que salga del corazón aunque lo rompa en pedazos”. Ojo! No es que al resto de las entregas no las haya escrito yo, siempre lo hago, y justamente por eso, ésta es recién la segunda entrega del año. Esta vez es distinto porque quiero hablarles de algo que me implica en un 100%: quiero contarles porque soy candidata para renovar la banca en la Legislatura. Pero no las propuestas y todo eso, que lo pueden encontrar en mis redes o en https://unfuturosinmiedo.com.ar/ , quiero contarles mi historia.
De chica no sabía muy bien que había sido el peronismo y seguramente tendría una visión atravesada por muchos prejuicios del entorno. Pero siempre me había llamado la atención la historia de los jóvenes de los ‘70, no por lo trágico sino por lo heroico, porque se habían animado a correr el límite de lo posible. Me fascinaban. Cuando llegué a la universidad me metí en una agrupación que se definía nacional y popular, porque todavía no me gustaba el peronismo, no lo entendía o lo miraba de reojo. Porque un año antes mi ciudad natal había quedado casi entera debajo del agua y quienes gobernaban, un intendente y un gobernador peronistas, habían hecho poco para evitar que tanta gente perdiera todo lo que tenía. Pero después, en los pasillos de la facultad, empecé a conocer al verdadero peronismo. Primero su historia. Después, el pensamiento, a los grandes intelectuales que analizaron la Argentina y la Patria Grande del Siglo XX, Hernandez Arregui, Jauretche, Scalabrini Ortiz, Cooke. Y en ese tiempo conocí a Nestor, que estaba recién asumido rompiendo esquemas y empezó a llamarme la atención.
Pero lo más importante vino después, cuando conocí el barrio, la gente, sus dolores, las ausencias, pero también los anhelos, los recuerdos, los sueños. Y ahí entendí lo que nunca había podido ver, porque tantas personas amaban a Juan y a Eva, porque tantos pibes eligieron dar su vida por ese proyecto político, porque ni las bombas ni la proscripción pudieron silenciar esa identidad. 
Y yo, que nunca había pasado hambre, que nunca había tenido frío, que nunca había estado sola, me di cuenta que para muchas personas la vida era distinta, era resistir, era sobrevivir en la injusticia. Entonces también pensé que el mundo no podía ser eso, que nadie se merecía esa vida, que tenía que hacer algo para cambiarlo, y que había un montón de amigos, de hermanas, de compañeros que pensaban lo mismo. Tomé allí la decisión más importante de mi vida, ser militante. Ser militante peronista porque nadie había defendido ni había hecho tanto por nuestro pueblo como Perón, nadie había peleado tanto para que los humildes fueran protagonistas de la historia como Evita. Y yo quería alzar esa bandera que le habían quitado con la represión y la muerte a los pibes de los ‘70. Y además asumí para siempre una forma de entender la política, la de la transformación, la de la construcción colectiva, la de dar las batallas necesarias persiguiendo la justicia y la igualdad.
Así empezó todo para mí y después vinieron años de mucho aprendizaje, de acompañar las políticas de los gobiernos de Nestor y Cristina trabajando para que esos derechos le lleguen a cada familia. Acompañando a los nuevos descamisados en su incipiente organización, aprendiendo de ellos. Y me tocó ser diputada nacional justo cuando volvió a gobernar un proyecto neoliberal comandado por Macri, que venía a arrasar con los derechos conquistados. Dimos la pelea desde el Congreso, con las ideas, los proyectos y hasta poniendo el cuerpo para resistir la represión, y pudimos incluso arrancarles algunas conquistas. Me tocó además ser parte de la potente marea feminista que revolucionó a la sociedad y a las instituciones en esos años. Y después el desafío de encabezar una lista de diputados provinciales en 2019 a la que miles de santafesinos eligieron para representarlos, y con el peronismo recuperando el gobierno de la Provincia y la Nación.
Tenía muchas expectativas cuando asumí la banca pero la realidad es que fueron años difíciles. Deuda, pandemia, guerra, sequía, una oposición que puso constantemente palos en la rueda. Y se instaló en la política algo de resignación, un posibilismo permanente que obturó la decisión de fijar grandes metas, una forma de gestionar sin transformar. Quedó mucho por hacer y cierta desilusión para algunos. Son tiempos donde además las ideas de derecha, reaccionarias, empobrecedoras, las recetas falsas, se instalan en una parte de la sociedad que no encuentra respuestas. Eso nos pone frente a un gran debate que quizás esté signando un cambio de época, que en definitiva se reduce a la discusión acerca de qué forma de política y que forma de peronismo vamos a ejercer para volver a acercar y enamorar a la sociedad con un proyecto de futuro. Y volvemos al principio de la historia, a la raíz de la que brota el peronismo, la potencia de una identidad política que se forjó dando vuelta la historia, corriendo los límites de lo posible, desterrando la cultura del no se puede, escribiendo un programa para gobernar la Argentina que enamoró a millones de compatriotas para toda la historia.
Yo vivo en Rosario, nací en Santa Fe. Toda mi vida viví en esta provincia y la amo. La recorro mucho desde hace varios años, tuve la fortuna de poder conocer sus rincones y sus historias. Hace tiempo me preocupa Santa Fe, como las cosas se fueron deteriorando: nos acostumbramos a  vivir con miedo, a no saber cómo será el futuro. Las cosas vienen tan mal desde hace más de 10 años, al punto de que Rosario pasó de ser la una referencia nacional de la educación y la cultura a ser un símbolo de la violencia y el narcotráfico. Estoy segura de que nadie quiere vivir así, con miedo y con la incertidumbre del futuro. Llevamos 40 años de democracia y vimos muchas veces a los mismos políticos repetir las mismas recetas sin lograr resolver los problemas que tenemos y que cada vez se profundizan más. Necesitamos dar vuelta la página. Necesitamos recuperar la autoestima de ser santafesinos y santafesinas, de una provincia rebelde, creativa, productiva, diversa.
Santa Fe necesita de políticos y políticas que sean parte de la solución y no de los problemas. Pero eso solo va a ser posible si una nueva generación toma la posta de esta situación. Que no tengan miedo a las mafias para derrotar definitivamente a los violentos, que no tengan miedo a redistribuir equitativamente el ingreso, que no tengan miedo de recuperar un Estado presente que se involucre y brinde soluciones. Que no tengan miedo de reivindicar al peronismo ejerciéndolo en su mejor versión, la que cada día le mejora la vida a la gente.
Yo creo que todavía podemos creer, que hay muchos y muchas que queremos lo mismo: que la política nos vuelva a ilusionar. Que vuelvan a ser las convicciones y los sueños los que determinen nuestro horizonte. Porque sueño que Santa Fe vuelva a ser la provincia que nos llena de orgullo y no la que nos llena de miedo. Pero sobre todo sueño con ser parte de un proyecto político que se anime, que tenga la valentía y las ideas para convencer a la gente que la vida es mucho más que esto, que puede ser mucho mejor que esto y que está en nuestras manos hacerlo posible.
Creo que más que nunca tenemos que apostar a lo genuino de las construcciones políticas, las que vienen de abajo hacia arriba, que reivindican la militancia y que no se resignan a lo posible sino que buscan parir un futuro mejor. No les quiero pedir el voto, les quiero invitar a que ustedes también se vuelvan a ilusionar y formen parte del desafío histórico de hacer un futuro sin miedo.
Gracias por leerme y espero ansiosa sus comentarios.
Sigamos cuidándonos y encontrándonos que nos necesitamos todxs 🙂
 Un abrazo grande, Lucila.