UNA TRISTE HISTORIA DEL FMI | Lucila De Ponti
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UNA TRISTE HISTORIA DEL FMI

Hola!! ¿Cómo están? Espero que bien, o como se pueda.

En una era donde abundan los canales de comunicación, entre tantas redes sociales y medios tradicionales, debemos ser atinados con los propósitos y usos de cada uno. En esta ocasión buscábamos un espacio íntimo, y a la vez con pase libre. La idea de este newsletter es poder entablar una conversación descontracturada pero no necesariamente menos comprometida y seria.
He aquí, la terecera entrega. Bienvenides quienes se sumen, gracias a quienes se quedan. Si algo de mis reflexiones despierta algo en ustedes… Por favor, no duden en responderme. Todos los mensajes van a ser leídos y probablemente sean disparadores para una próxima entrega.

UNA TRISTE HISTORIA DEL FMI.

La vez que me tiraron gas pimienta en la cara.

En esta entrega tenía ganas de que charlemos sobre un tema de agenda que estuvo ocupando muchas horas de debate: el Fondo Monetario Internacional. Para empezar es casi una obligación señalar que en 2006 Néstor Kirchner decidió pagar por adelantado la deuda vigente que existía con el FMI, terminando una intensa (a veces tóxica) relación de endeudamiento que nuestro país mantuvo durante 50 años con este organismo. Doce años después Mauricio Macri tomó una decisión completamente inversa. Comandó la vuelta al FMI de la manera más irresponsable posible, casi suicida: tomando la deuda más grande de la historia del organismo, que incluso tuvo que violar su propio estatuto para otorgarla.

 

Como si fuera una escena de terror que se instala en tu cabeza para atormentarte, no puedo borrar de mi mente la imagen de Macri declarándole su amor a Christine Lagarde y deseando que todos los argentinos nos enamoremos de ella. ¡Por Dios! no se me hubiese ocurrido otra forma más rastrera de reeditar las relaciones carnales. Si bien eso sucedió en 2018, al igual que la firma del acuerdo por U$S 57 mil millones que finalmente fueron U$S 44 mil millones, un año antes ya la veíamos venir.

Fue en octubre de 2017, cuando llegó al país la misión del Artículo IV del FMI que viene para supervisar el cumplimiento de “las obligaciones” de los países miembros. Unos meses después el gobierno de Cambiemos envió al Congreso las tres leyes de reformas (Jubilatoria, Impositiva y Laboral). Como dice Taylor Swift lo recuerdo all too well porque en esos días era diputada nacional y fue la primera vez en mi vida que me tiraron gas pimienta en la cara. No fue una historia de amor como en la canción de Taylor, pero nos rompieron un poco el corazón. Spoiler alert: el gobierno reprimió fuerte a la gran movilización que se organizó en contra de los proyectos y finalmente se aprobaron dos de esas tres leyes. Aún así muchos creemos que durante esos días de gente en la calle el pueblo argentino “le picó el boleto” al gobierno de Macri, que por otra parte terminó de echarse solito con el desastre económico que se verificó en sus dos últimos años. Me parecía clave remarcar eso antes de seguir con nuestro repaso histórico.

ADVERTENCIA: no leer esta entrega con las gafas de la rigurosidad académica, sino como lo que es: un diálogo sincero e informado a base de experiencias.

Había una vez un mundo bipolar.
En primer lugar tenemos que decir que el Fondo Monetario Internacional es un organismo que se creó en 1944 cuando un grupo de países reunidos en la Conferencia de Bretton Woods decidió acordar un marco de cooperación para garantizar la estabilidad del sistema monetario internacional. Todavía se sentían los ecos de La Gran Depresión y por esos años estaba finalizando la Segunda Guerra Mundial (pequeño detalle). Acto seguido se iniciaba el período llamado “Guerra Fría”, durante el cual el mundo estaba dividido casi completamente en dos bloques que organizaban la geopolítica, la economía, la cultura y básicamente todo lo demás. De un lado de la mecha estaba el bloque occidental (capitalista) capitaneado por EEUU, y del otro teníamos el bloque oriental (comunista) liderado por la URSS. Ya lo dijo con mucha poesía Winston Churchill: ha caído sobre el continente una cortina de hierro bla bla; y la historia fue tan literal que levantaron un muro que partió en dos toda Alemania… detalles.

En fin, si bien Estados Unidos y la Unión Soviética no se enfrentaron militarmente de manera directa, el mundo funcionaba en dos sintonías distintas, y ya se sabe de qué lado crearon el FMI. Además, en Bretton Woods los 44 países firmantes también se pusieron de acuerdo en funcionar con el dólar estadounidense como moneda de referencia internacional. Todo muy Tio Sam. En su propia web el FMI se autopercibe como una institución que facilita el comercio internacional, promueve el empleo y un crecimiento económico sostenible y contribuye a reducir la pobreza en el mundo… no lo sé Rick, parece falso.

Bueno, sigamos. La relación de Argentina con el Fondo se inicia en 1956 de la mano de la Revolución Fusiladora que derrocó al gobierno de Juan Domingo Perón. Unos meses después del golpe de Estado se dieron los primeros pasos para que el país se incorporara al FMI y al Banco Mundial. A partir de entonces estos organismos internacionales empezaron a tener cierta injerencia en la política económica nacional, siempre recomendando que para resolver el problema de la inflación y el déficit de la Balanza de Pagos había que reducir el control público sobre la economía y el comercio externo, devaluar la moneda, achicar gastos y salarios para comprimir la demanda interna. Lo que se conoce como recetas ortodoxas. Así transcurrieron varias décadas donde se manejó un nivel de deuda tolerable que acompañaba un modelo económico de desarrollo por sustitución de importaciones.

¿Cómo fue que caímos en el pozo?
Es interesante ver como la relación de nuestro país con el fondo se redefine significativamente a partir del golpe de marzo de 1976 y la instauración del modelo económico de valorización financiera en el marco del cual la deuda externa comienza a ocupar un lugar cada vez más preponderante. Previamente es clave reafirmar, como enseña el maestro de la economía política argentina Eduardo Basualdo, que la instalación de un nuevo modelo de acumulación no se dio por el agotamiento del anterior -el modelo de desarrollo de industrialización sustitutiva que había inaugurado el peronismo estaba en la plena llegando al récord de uso de la capacidad industrial instalada en 1975- sino por la irrupción forzada de un bloque de poder que a través de un plan sistemático de exterminio y muerte procuró excluir a los sectores populares de la participación política y de la construcción de un modelo de país donde la distribución del ingreso, del poder y de la dignidad fuese más justo.

En la medida en que la especulación financiera se convertía en el eje ordenador de las relaciones económicas, el endeudamiento externo de las grandes empresas se volvía cada vez más presente junto a otra práctica que comenzaría a ocupar un lugar central: la fuga de capitales (esto es llevarse los dólares del sistema formal, al exterior o tenerlos “en negro”). La relación entre grupos concentrados locales con el capital transnacional empujó a que el endeudamiento estuviera vinculado a la obtención de renta financiera y no a la expansión productiva. La estatización de la deuda privada a través de distintos instrumentos y la fuga de capitales generaron que los recursos públicos destinados al pago de la deuda crecieran de manera vertiginosa superando la capacidad de pago y la disponibilidad de divisas. Incluso con la consolidación del neoliberalismo en los años 90, el proceso de privatización de empresas públicas estuvo ligado a la resolución de las crisis de deuda y a la enorme influencia de los organismos de crédito y de las empresas trasnacionales.

Podemos pensar a los 90 como etapa histórica en la cual situamos la instalación más acabada de las políticas neoliberales, pero comienza en 1976 con la irrupción del modelo económico que la Dictadura militar, y los sectores civiles-económicos que la respaldaron, quisieron establecer en Argentina. Y que ciertamente lo lograron. El plan sistemático de aniquilación de un sector social a través del terrorismo de Estado estuvo claramente ligado a la posibilidad de torcer el rumbo del desarrollo económico argentino y aún hoy convivimos con esos cimientos.

El resto es historia conocida, tanto como el enorme sufrimiento que implicó para nuestro pueblo la desestabilización económica de fin de siglo, cuando el Fondo marcaba el ritmo de la agenda política nacional. Se dijo antes que el FMI se autopercibe como un fondo de respaldo para financiar a países que atraviesan dificultades económicas, pero sus intervenciones están más bien orientadas a promover reformas neoliberales en países del periféricos y lo definen mucho más como un garante del statu quo del capitalismo transnacional, donde claramente su acción está condicionada por los intereses de las grandes potencias. Incluso desde usinas académicas críticas se analizó al organismo como integrante del “complejo Wall Street-Tesoro”, destinado a reproducir los intereses de los centros financieros y del poder político internacional. Sin embargo, su autonomía funcional y el hecho de que lo integran 190 países, inclusive Rusia y China, le asignan el rol de referente del funcionamiento financiero internacional. Por eso la desafortunada, irresponsable y equivocada decisión de Macri nos dejó un agujero negro que es importante acomodar para preservar el desarrollo económico y evitar momentos de shock donde las crisis implican perdida de derechos, demás de precarización abrupta y acelerada para nuestro pueblo. Moraleja: fuckin’ Macri, go home y nunca vuelvas.

En busca de la felicidad.
Elegí un tema medio depre para el newsletter así que vamos con una recomendación para levantar un poco. Solo me llevó un fin de semana ver completa la serie Porno y Helado de Martin Piroyansky (consecuentemente me atrasé con el newsletter :p). Me hizo acordar a las películas de Capusotto por la pizca de humor absurdo de lo cotidiano pero bien situado en el registro cultural de esta época. La recomiendo fuerte para pasar un finde bien feliz. Y además, para quienes busquen conocer la identidad rosarina profunda, suscribanse a este newsletter (Uganda) que la viene rompiendo y que además lo escriben grandes amigues.

Gracias por leerme y espero ansiosa sus comentarios. Sigamos cuidándonos y encontrándonos que nos necesitamos todxs 🙂
Un abrazo grande, Lucila.