Hola!! ¿Cómo están? | Lucila De Ponti
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Hola!! ¿Cómo están?

 Hola!! ¿Cómo están? Espero que bien, o como se pueda. 

 En una era donde abundan los canales de comunicación, entre tantas redes sociales y medios tradicionales, debemos ser atinados con los propósitos y usos de cada uno. En esta ocasión buscábamos un espacio íntimo, y a la vez con pase libre. La idea de este newsletter es poder entablar una conversación descontracturada pero no necesariamente menos comprometida y seria. 

 He aquí, la primera entrega. Si algo de mis reflexiones despierta algo en ustedes… Por favor, no duden en responderme. Todos los mensajes van a ser leídos y probablemente sean disparadores para una próxima entrega.

CHILE: UNA MIRADA GENERACIONAL.

Boric, Freud y mi psicóloga.

 Como toda persona formada en ciencias sociales tengo un yeite recurrente: cuando quiero pensar o escribir sobre algo el primer paso es leer un montón de cosas que otras personas hayan escrito sobre el tema. Aunque también puede ser un problema de inseguridad…¿no? De cualquier manera este newsletter es un diálogo con esas lecturas que me aportan herramientas para pensar los temas que nos interesan (si me lo permiten, puedo empezar a escribir en plural, suponiendo que ya entablamos una relación de emisora y receptores). 

 El 2021 fue un año particularmente caótico pero al irse nos dejó una linda noticia: la segunda vuelta de las elecciones chilenas se resolvió a favor de un candidato que nos gusta. En el siglo XXI cuesta un poco encasillar los nuevos modelos políticos en identidades partidarias tradicionales o ideologías puras. Sin embargo, la visión de Gabriel Boric puede ser definida a grandes rasgos como una amalgama entre la nueva izquierda, la centroizquierda, el modelo socialdemócrata, el progresismo y el populismo. Un poco de todo lo que nos gusta.

«Casualmente ese día tenía cita con mi psicóloga y pensé que era una buena idea conversar el tema en terapia porque ¿qué mejor que hablar de Freud con una psicoanalista?…»

 En una de las crónicas que leí Alejandro Zambra afirmaba que, a diferencia de generaciones anteriores que también persiguieron la transformación social, la generación de Gabriel Boric si pudo matar a su padre, en obvia referencia al mito de la horda primitiva que Freud utiliza en Totem y Tabú para desarrollar otros conceptos. Esa idea me quedó resonando. Quizás porque en estos días estuve leyendo un libro sobre los ‘90 y el dilema de cómo dialogar con esa parte de la historia quienes fuimos muy jóvenes o niñes durante aquella década, quienes incluso construimos nuestra identidad política y el sentido de nuestra práctica en oposición a ese proceso.

 Casualmente ese día tenía cita con mi psicóloga y pensé que era una buena idea conversar el tema en terapia porque ¿qué mejor que hablar de Freud con una psicoanalista? Con ella incorporamos, entre otras cosas, la dimensión del tiempo y el diálogo intergeneracional. Y pienso que, si bien todos los interrogantes quedan abiertos, la embrionaria hegemonía que Boric pudo construir en la segunda parte del proceso electoral envuelve un repertorio de tramas y resistencias al neoliberalismo que encontraron un horizonte de futuro en la construcción de un proyecto que se pretende inédito, idéntico a ninguna de ellas en particular pero con pretensiones de expresarlas a todas.

Camila love.

  Boric, de 35 años, llega como el presidente más joven y más votado de la historia del país vecino. La noticia del “presidente millennial” un poco emociona, y generacionalmente nos mueve el piso, o al menos a mí, que seguí el minuto a minuto del proceso electoral. Me resultaba atractivo ver que quienes estaban protagonizando la gesta democrática junto al candidato eran los mismos pibes y pibas que, una década atrás, hicieron que el mundo mirara a Chile por sus calles pobladas de estudiantes que reclamaban por una educación pública, gratuita y de calidad. Con una hermosa, admirada e irreverente Camila Vallejo al comando, la Revolución de los Pingüinos entusiasmaba. Siempre nos entusiasma la juventud al volcarse de forma masiva a las protestas callejeras, solo que esa vez sucedía en un pueblo largamente encorsetado por la herencia de la dictadura más larga de América Latina, cuya expresión más vigente fue la Constitución que sobrevivió por más de 30 años y que hoy parece estar transitando su ocaso.

«Envuelve un repertorio de tramas y resistencias al neoliberalismo que encontraron un horizonte de futuro en la construcción de un proyecto que se pretende inédito…»

 Desde la caída de Pinochet hasta hoy, Chile tuvo varios presidentes de extracción “progresista”. Sin embargo, lo de Boric es más interesante en varios aspectos y a su vez, es un poco épico, como dicen ahora. Muchos de los jóvenes que en 2011 conducían las federaciones de estudiantes universitarios continuaron su militancia en los partidos tradicionales mientras otros formaron parte de la gestación de nuevos instrumentos políticos que se presentaron como reformadores, refundadores y posneoliberales. De una forma u otra, siguieron su camino sostenidos en lo que pareció ser una decisión contundente de protagonizar la construcción del porvenir chileno.

 

 Lo más interesante es que desde ambos senderos hayan tomado la oportunidad de encontrarse hoy en la construcción de algo común, donde lo que prevalece es la visualización de un futuro distinto y necesario. Pensar que lo nuevo puede nacer sin que necesariamente todo lo viejo tenga que morir. La redefinición del mapa político chileno de los últimos diez años aparece como un elemento ineludible, clave para habilitar nuevos cursos históricos; lo cual, por supuesto, no se agota en la decisión de un grupo de estudiantes universitarios sino que emerge como resultado de la búsqueda de expresión política del pueblo trasandino. 

Mi facultad ha sido esta calle.

 Como se dijo por estos pagos, el pueblo siempre encuentra los caminos. El triunfo de Boric forma parte, claramente, de un proceso de resistencia y movilización popular. Habilita a pensar al nuevo gobierno no tanto en clave de una alternancia democrática en el marco de un modelo neoliberal imperante, sino más bien como un punto de inflexión hacia la construcción de un país que pueda repensar algunos de los cimientos estructurales que han sido parte de la consolidación de una sociedad profundamente desigual. Un Chile que despertó de la mano de las cabras saltando los molinetes del metro (“evadir, no pagar, otra forma de luchar”) desatando así el nudo de una sociedad que quería gritarle mil verdades a ese gobierno del establishment que, como no podía ser de otra manera, respondió reprimiendo ferozmente a su propio pueblo, dejando un tendal de muertos y heridos.

«Boric no es el presidente del estallido pero lo expresa, la mística y el relato de su campaña lo confirman… «

 Como se leía en las pancartas que guionaban aquellas plazas, “no fueron 30 pesos, fueron 30 años”. El contenido de las protestas expresaba una variedad de demandas vinculadas a la justicia social y a la dignidad que iban de la económica, la salud y la educación, a la lucha histórica de los pueblos originarios, los derechos de las mujeres, las infancias y las disidencias. Esa heterogeneidad de demandas pudo eventualmente encontrar síntesis en el proceso de reforma constitucional, elemento que emergió como significante del punto final a la herencia pinochetista. El proceso de movilización popular, anómico y espontáneo halló (quizás sin desearlo) una vía de canalización institucional a través de un mecanismo de participación democrática formal. Lo cual no fue sin controversia y no se dio en base a una reacción orgánica de ese estallido (que probablemente no podría haberla tenido por su heterogeneidad y horizontalidad). Fue mucho más empujada por la búsqueda de cuidar el orden democrático en virtud de las capacidades de la política y su autonomía.

 No todos los partidos y movimientos sociales que hoy acompañan al presidente electo fueron parte del acuerdo para la paz social y la nueva constitución. Pero el 78% de los chilenos votaron por el APRUEBO y todas las expresiones políticas presentaron sus listas de constituyentes, incluso nuevos partidos de carácter más basista, que le dieron a la constituyente una composición que logra expresar la riqueza de ese movimiento social, con representación de vastos sectores.

Una mística para la etapa.

 La continuidad entre el estallido, la constituyente y la elección de Boric es esperanzadora no solo por lo que viene, también porque el pueblo chileno supo y pudo darle a la voluntad de transformación y al ímpetu insurreccional una expresión política. Boric no es el presidente del estallido pero lo expresa, la mística y el relato de su campaña lo confirman. El ballotage contó con la participación ciudadana más alta de la historia y nos regaló imágenes como las de vecinos comunes organizando autos colectivos para ir a votar frente al “boicot” del transporte público. 

 Diganme ilusa pero tengo muchas ganas de ver andar a este gobierno aun sabiendo que no será fácil conformar todas las expectativas generadas. El desafío principal: consolidar un nuevo orden sostenido en la construcción de comunidad y de políticas públicas que garanticen una cotidianeidad digna. Hay mucho por hacer para que la plataforma que empujó a la victoria se convierta de expectativas en acciones y realidades, cuidar la estabilidad económica pero impulsar una nueva política fiscal más progresiva, promover reformas sociales para garantizar la salud, la educación, el sistema previsional, un modelo productivo más sostenible, la agenda de los feminismos, entre muchas otras cosas. De la mano de un presidente que llegó espontáneo, sensible y divertido, pero que ha demostrado hasta ahora una gran capacidad para entretejer artesanalmente las piezas que puedan sostener al Chile del futuro. Un presidente que arrancó su campaña trepando un ciprés en su Punta Arenas natal y que ahora tiene una enorme responsabilidad frente a la historia. No siempre la calle y el palacio logran armonizarse virtuosamente para dar un paso adelante, eso ya es un montón y, para mi, un buen indicio. 

 P/D: al cierre de esta edición (ah re) Gabriel Boric presentó su gabinete conformado por 14 mujeres y 10 varones, con un promedio de edad de 43 años, amplia y variada representación política. Están en el gabinete algunos de los referentes estudiantiles del 2011 como Camila Vallejo y Giorgio Jackson. Esta también la nieta de Salvador Allende como Ministra de Defensa, al mando de las fuerzas armadas que derrocaron al gobierno de su abuelo. Lo escribo y se me pone la piel de gallina. Justicia poética. 

 

Otras Cositas

 Para despedirme en esta primera entrega les voy a dejar algunas recomendaciones culturales que esta vez van a ser en mood elecciones chile.

– Uno de los reels o tiktok que más se viralizó de los candidatos fue el que hacen el challenge con “Nuestra canción” de la banda colombiana Monsieur Periné, a la cual  conocí en el Cosquín Rock stremeado de febrero del 2021 y la recomiendo mucho.

– Una peli obligada es NO de Pablo Larrain protagonizada por Gael Garcia Bernal, que cuenta el proceso del plebiscito de 1988, principio del fin de la dictadura pinochetista. Creo que esta en Netflix.

– Una serie chilena que me gusto mucho fue La Jauría que la pueden encontrar en Prime Video. 

 

 Prometo que el próximo newsletter va a ser más corto. Gracias por leerme y espero ansiosa sus comentarios. Sigamos cuidándonos y encontrándonos que nos necesitamos todxs 🙂

 Un abrazo grande, Lucila.